El transporte público en el extranjero con niños
Otras normas, otro ajetreo y casi nunca hay ascensor.
El transporte público en el extranjero difiere sobre todo en aspectos que ya ni siquiera notas en tu país: cómo se sube, cuánto espacio hay y si hay ascensor.
Averigua de antemano cómo vas a pagar
En muchas ciudades hay que comprar el billete por adelantado o registrarse con una aplicación. Intentar averiguar cómo hacerlo mientras estás delante de una máquina expendedora con un cochecito y un niño cansado es el peor momento posible. Hazlo la noche anterior.
No cuentes con que te lleven a cuestas
Las estaciones de metro de las ciudades más antiguas suelen tener solo escaleras o escaleras mecánicas. No es recomendable subir por una escalera mecánica con un cochecito. Fíjate dónde te bajas y si hay alguna alternativa, o elige una parada más adelante que tenga una salida a nivel del suelo.
El ajetreo lo cambia todo
En hora punta no hay sitio para un cochecito y, a veces, ni siquiera puedes subirte. Planifica tus desplazamientos fuera de las horas punta de la mañana y la tarde; eso te ayudará más que cualquier otra preparación.
El tamaño compacto es aquí un factor decisivo
Un cochecito que se pliega rápidamente y se puede llevar con una sola mano marca la diferencia entre poder ir o no. Echa un vistazo a los cochecitos que se pliegan rápidamente.
Ten en cuenta otras costumbres
En algunos países es habitual que la gente te ayude a levantar cosas, mientras que en otros no es así. No des por sentado que será igual que en casa y planifícalo como si tuvieras que hacerlo solo.
Para el viaje hasta allí: viajar en tren con un bebé.

